Este es el artículo que envié a El País el 9 de septiembre de 2017 y que no me publicaron (peor para ellos)
El pasado día 6, el día de la aprobación de la Ley de Referéndum en el Parlamento catalán, en el debate en “Al Rojo Vivo” en la Sexta, la diputada de ERC en el Congreso, Ester Capella, comparó a quienes sostienen el 'procés' con Martin Luther King, con Nelson Mandela y con Rosa Parks. "Cuando desobedecieron civilmente…", lo que generó cierto escándalo y provocó que fuera interrumpida por Antonio Maestre: "Por una cuestión de higiene intelectual, no se quieran comparar con Rosa Parks". A mi, por el contrario, me parece una comparación pertinente: la mayoría de los americanos blancos estaban de acuerdo en que los negros debían ser discriminados y, de hecho, la mayoría de los americanos blancos votaban y decidían sobre los derechos de la minoría formada por los ciudadanos negros. En efecto, la situación es igual, ellos creen, como los blancos en la América de los años 50, que tienen derecho a decidir sobre los derechos del resto, derecho a privarnos a los que no somos catalanes de nuestros derechos en Cataluña.
Pero lo cierto es que ya han ganado el discurso. Están continuamente insistiendo en que los catalanes, muy mayoritariamente quieren que se vote y oigo repetir a políticos de derecha y de izquierda que es normal y democrático que se pueda votar, dice Gabriel que lo único que han hecho es aprobar lo que es normal, lo que quiere el 80% de los miembros de "este pueblo" y lo dicen con una naturalidad tal e insisten en ello tantas veces que siempre da la impresión de que esta parte del discurso ya está dirimida.
Continuamente presentan como una obviedad que ellos son demócratas porque quieren que se vote, que lo democrático es votar y que el gobierno español es antidemocrático porque quiere impedir el voto. Como si la formación del cuerpo electoral fuera una cuestión indiferente a la democracia. Me sorprende no haber oído todavía a nadie contestar recordando lo que eran los sufragios censitarios; en los sufragios censitarios, comunes a casi todos los países de Europa del siglo XIX, los ricos, frecuentemente los terratenientes, decidían las condiciones que debía cumplir una persona para poder votar y estas incluían normalmente, por supuesto, poseer tierras. Este es el punto central; quienes forman el cuerpo electoral, no pueden decidir sobre los derechos de la minoría y menos sobre los derechos de los que no están en el cuerpo electoral; si no es así, aunque la mayoría sea muy grande, la votación no es democrática.
La misma diputada que habló del derecho de rebelión de Rosa Parks y del pueblo catalán, también mencionó a Nelson Mandela: ¿Acaso no había un Parlamento y elecciones libres con participación de los partidos que hacían sus propuestas, presentaban sus programas electorales y libremente los publicitaban? ¿Y los negros no tenían reconocido su autogobierno, sus sistemas de representación y sus sistemas de elección de sus líderes? Entonces ¿por qué protestar? ¿Es que acaso la República Sudafricana era una democracia? Efectivamente, una minoría expulsó a la mayoría del cuerpo político, fijó sus derechos y estableció para sí misma sus privilegios; esto es lo que hizo el odioso sistema del apartheid que mereció la repulsa del mundo entero.
La comparación no es exagerada; cuando Rajoy afirmó en aquella famosa entrevista con Carlos Alsina que los catalanes perderían la condición de españoles, este le contestó que no porque nuestra Constitución (esa que ahora ellos dicen no tener que respetar por ilegítima) les reconoce su derecho a no ser expulsados de la ciudadanía. Según avanza la discusión, nos enteramos de que esperan que cada catalán y cada residente en Cataluña pueda elegir entre tener la ciudadanía española o las dos, solo quienes renuncien expresamente a la nacionalidad española perderán su condición de nacionales españoles. Rajoy (que no tiene entre sus virtudes la rapidez) en vez de contestar con la famosa pregunta "¿Y la europea?" tenía que haber exclamado que qué desfachatez. O sea, juegan a no perder nada pero deciden que nos privan al resto de poder decidir si estamos de acuerdo con perder nuestros derechos de plena ciudadanía en Cataluña. No están solo excluyéndonos este derecho a decidir, sino que se están arrogando un privilegio, en el sentido literal de la palabra; nosotros en nuestros bantustanes podremos tomar las decisiones que nos conciernan, ellos pueden operar en todo el territorio, incluido en el Parlamento del común de los españoles. Volviendo al tema de Rosa Parks, no en todos los estados de Estados Unidos los negros estaban igual de discriminados, lo que se debatía era si en un estado (territorio) era lícito que se aprobaran leyes de discriminación. Lo que ellos ahora reclaman es decidir sobre el grado de discriminación al que están dispuestos a someternos a los demás. Como también están dando por supuesto que se quedarán dentro de la Unión Europea, se entiende que “los excluidos” podremos entrar y salir de “su territorio” solo con nuestro dni pero se arrogarán el derecho a cambiar eso en el momento en el que, por las razones que sean, les parezca oportuno, en función de hipotéticos futuros cambios en los tratados de la Unión.
¿Cabría alguna posibilidad de que el independentismo catalán lograra sus objetivos de manera democrática? A mi entender solo cuando el resto de los españoles tuviéramos la posibilidad de votar los mismos privilegios que ellos pretenden, cada uno para su propio territorio. Es decir: si los nacionalistas gallegos, que son muchos, logran convencer a la mayoría de los gallegos de que es conveniente que, para poder ejercer el voto en Galicia o ser funcionario de carrera, etc... se debe exigir tener la nacionalidad gallega además de la española; los nacionalistas de Euzkadi convenzan de lo mismo a la mayoría de los vascos y los nacionalistas canarios, que tampoco son pocos, a la mayoría de los canarios y así sucesivamente, los valencianos, extremeños, asturianos, andaluces, etc... y si todas estas mayorías se convierten en la mayoría en España, España desaparecería; también he oído argumentar la viabilidad de la secesión de Cataluña aludiendo a la situación en la que se encuentran países como Montenegro o Eslovenia pero no se olvide que allí no queda ya una República Yugoslava y sí muchos problemas para integrar a las minorías y España tiene mucha más historia en común que la que tenía Yugoslavia. Lo otro, lo que actualmente propone el secesionismo catalán, es querer estar, como dice el dicho “al plato y a las tajadas”.
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