miércoles, 21 de abril de 2010





Sr director:Pobres los ricos.Soy profesor de instituto y todos los días, antes de acudir a mi centro de trabajo, acompaño a mi hija hacia su instituto y veo a multitud de chicos de entre doce y dieciocho años entrar en sus centros de estudios. No tengo datos estadísticos científicamente fiables, pero puedo apostar a que no hay ningún instituto de Leganés (ninguno) que no tenga dos o tres niñas que acuden regularmente a lasclases con hiyab.No tengo conocimiento de lo que pasa en Fuenlabrada o en Móstoles pero apostaría a que su situación no es muy distinta.He oído motivos de muchos tipos para prohibir el hiyab en las clases: que si la libertad y la emancipación de las niñas, que si el estado laico... pero todas esas razones son esgrimidas por los centros o bien privados o bien de zonas como Pozuelo. Todo son excusas: ni el hiyab es opresión ni es religión. Se trata, exactamente igual que las gorras de los chicos varones (que tampoco están permitidas en los centros de Pozuelo), de sostener la identidad y de manifestar su pertenencia a un grupo.Se suele confundir la escuela laica (por contaminación con el nocivo radicalismo francés en este punto) con la negación del derecho de los individuos a manifestar su religión. A ningún médico se le permitiría negar la asistencia al paciente que lleve una cruz, un hiyab o una kipah y no por eso a nadie se le ocurriría pensar que eso significa que un hospital es “confesional”. Hay que diferenciar la escuela laica (que debe serlo) con el derecho de las personas, como individuos (no de los profesores, ni de los policías, etc… en tanto que autoridades y representantes en ese momento del estado) de manifestar sus creencias religiosas, tal como recoge el artículo 18 de la declaración de derechos humanos. Fue un editor y columnista alemán, Robert Weltsch quien, ante la imposición del régimen nazi de la obligación de llevar un brazalete con la estrella de David, respondió con un artículo titulado «Portad con orgullo la estrella amarilla», que se convirtió en el lema de la resistencia judía. Es ese derecho a decir con orgullo lo que ella es y quiere ser lo que se está negando a esta niña.En el fondo -no nos engañemos- es esto precisamente lo que molesta a los intolerantes, que se estén manifestando como pertenecientes a un grupo que no es el que nos gusta. Lo que está detrás es la incomodidad ante la presencia de los que no son como nosotros. “Si hay que aguantar la presencia de inmigrantes, al menos que disimulen”.
Este centro de Pozuelo va a lograr que esta niña sea expulsada a otro lugar donde ella se encuentre con los que son de su clase y la Comunidad de Madrid, la misma que permite que los centros privados rechacen a los inmigrantes, se lo va a permitir.Los problemas con los hiyab y con las gorras se dan precisamente allí donde son los liberales los que arrasan en las elecciones... Tiene su gracia. En esto como en tantas otras cosas el liberalismo es libertad para que no me toquen el dinero y para que no me hagan pagar impuestos, pero nunca para la libertad de costumbres. Los liberales de la Comunidad de Madrid (y de España) que tantas veces muestran su admiración hacia los ingleses ya podían aprender algo de cómo se trataeste tema en las Islas Británicas.

Reciba un saludo

1 comentario:

Unknown dijo...

Estás lleno de razón, ¿podrá cambiar el mundo alguna vez?